EL RINCÓN DEL JARDÍN. Alfonso Martínez González

12.09.2015 16:39

EL RINCÓN DEL JARDÍN. Alfonso Martínez González

El rincón del jardín

Estamos en la canícula estival, y se trata de un rincón cualquiera, de un parque cualquiera, de una ciudad cualquiera…, eso sí, de clima mediterráneo.

En un recodo apartado, sombreado por un enorme almez que le protege de los abrasadores rayos del sol del estío, allí bajo ese paraguas lumínico, se halla un pequeño parterre regado por el hilo de agua que porta una canaleta arábiga, cuya procedencia ignoro,  y que le proporciona frescor y vida.

Junto a este arriate de unos seis o siete metros cuadrados, de forma oval cercado por un seto de mirtos, podado a una altura de unos treinta o cuarenta centímetros, se encuentra un banco de hierro forjado, en el que al sentarme, a la sombra, noto como aún está caliente consecuencia de su anterior exposición al sol.

Allí sentado, observo que el interior del seto hay dos macizos arbustivos contiguos, son lavanda y santolina, que en esa época de pleno verano están todavía en floración y desde mi atalaya examino con curiosidad la vida que allí se desarrolla.

Contemplo a un par de filas de hormigas que van por el suelo, de aquí para allá, transportando de todo, trozos de hojarasca, semillas, incluso el cadáver de una avispa, las filas marchan con rítmico y marcial paso y contemplo como al cruzarse se saludan frotándose las antenas que tienen en la cabeza, sé que son órganos con los que pueden detectar sustancias químicas, corrientes de aire y vibraciones y sirven a su vez para transmitir y recibir señales por medio del tacto, y me pregunto: ¿que se dirán?, serán instrucciones o simplemente gestos de cortesía.

Continúo fascinado con su ir y venir, su deambular es incesante, por eso se explica que las hormigas aparecen a menudo en fábulas e historias para niños, representando el trabajo intenso y el esfuerzo cooperativo, y son utilizadas como buen ejemplo para los humanos. En la fábula atribuida a Esopo, “La cigarra y la hormiga”, se las utiliza como ejemplo de constancia y trabajo duro que al final tiene recompensa.

Estando ensimismado con estos pensamientos, alzo un poco la vista y observo que entre las ramitas y las hojas del macizo de lavanda, se encuentra una sedosa telaraña espiral, cazadero de la araña común de jardín. Tras reparar en la propietaria de la mortal trampa, situada en un extremo de la misma, inmóvil y presta para acudir a su cita con la víctima que quede atrapada en la red, la sigo observando y espero pacientemente como un pescador espera a que algún pez pique en su anzuelo…

Mi paciencia se ve recompensada y al poco, una pequeña mariposa conocida como la polilla del geranio vuela cerca de la zona y en su vuelo no se percata de la telaraña y en un instante queda adherida a los hilos de seda. Con su desesperado aletear para zafarse agita la trampa y advierte a la araña que hay una presa en el cazadero y esta, con una rapidez inusitada alcanza a la polilla y le inyecta su veneno paralizándola casi de inmediato. No sé porque razón, la araña deja allí a su presa y regresa a su posición de espera, supongo que es porque está saciada y considera que su caza ya está en el zurrón y le servirá para otro momento, no sé, pero es lo que me parece más lógico.

El tiempo pasa, la tarde va languideciendo, y las flores cuyos vivos colores morados de la lavanda y amarillo de la santolina se van atenuando, pero los insectos libadores  de néctar continúan su labor, los veo volando entre las flores con el claro objetivo de obtener su preciado néctar, veo un par de abejas domésticas, diversas mariposas, abejorros, moscas de la flor, varias avispas y algún que otro coleóptero como la mariquita de los siete puntos.

Y comprendo que las flores, no ofrecen tal glotonería de balde, porque aunque esto les representa una fauna bulliciosa, les resulta muy útil, ya que en su trasiego de flor en flor trasportan el polen maduro preparado para fecundar a otras flores de la misma especie. Esta simbiosis, actúa como una delicada y desapercibida manifestación amorosa entre flores, que consecuentemente lleva consigo una exitosa producción de semillas fértiles que permitirá la proliferación y supervivencia de la especie.

Continúo con mi observación del rincón del jardín y estas percepciones sobre el origen, la fecundación mediante la función de los libadores, el trabajo cotidiano de las hormigas y la muerte en la trampa de la araña, me llevan a la reflexión de que la existencia de una fuerza o impulso vital actuando sobre la materia organizada da por resultado la vida.

Cae la tarde, el crepúsculo se convierte en sombra, los colores se agrisan, me levanto del banco que me ha servido de observatorio y tomo el camino de salida mientras se encienden las farolas del parque,…comienza la vida para los nocturnos, pero esto es otra historia…