¿QUIÉN CUIDA NUESTROS PARQUES Y JARDINES? El Gigante Egoísta.

¿QUIÉN CUIDA NUESTROS PARQUES Y JARDINES?

Últimamente, con lo que estamos viendo en los parques y jardines de nuestras ciudades, hasta aquellos que son profanos en la materia pueden preguntarse cómo las cosas pueden salir bien. Indudablemente siempre existe un grupo de buenos expertos en todos los sectores profesionales de la administración que permiten que el asunto en cuestión no vaya a mayores, quizá a costa de una mayor dedicación que no les corresponde. Pero esto, lógicamente, no es de recibo.

En el caso de lo que nos incumbe, vemos con demasiada frecuencia actuaciones regulares, malas o muy malas y lo que es más, innecesarias o peligrosas. Si son innecesarias, además de que dejan secuelas irreparables en las plantas, suponen un coste superfluo para la administración, que puede utilizarse en otros trabajos que sí son, no sólo necesarios, sino, urgentes en muchos casos. Y si, por sus características, las actuaciones revierten peligro, ni que decir tiene que deben tener unos controles exhaustivos por parte de la administración competente para que no se produzcan daños a personas o bienes y se lleven a cabo con las medidas que exigen las normas, las ordenanzas o la ley.

Me refiero fundamentalmente a los trabajos de poda y mantenimiento de jardines y a la aplicación de productos fitosanitarios en espacios verdes urbanos. En cuanto a lo primero todos sabemos que la cualificación de la persona que dirige, controla y realiza las actuaciones debe estar contrastada. En jardinería siempre ha habido controversia con este asunto, ya que en la mayoría de los proyectos intervienen profesionales de diferentes competencias: Paisajistas, Ingenieros Técnicos en Jardinería, Arquitectos, Biólogos, entre otros, pero aplicando el conocimiento, la experiencia y el tiempo de los implicados en el desarrollo siempre se dan buenos resultados.

Para realizar una poda hay que ordenar cómo hacerla y el trabajador debe saber realizarla. Lo mismo para reparar o instalar sistemas de riego o realizar un mantenimiento integral. Conocimiento, experiencia y tiempo para dedicar a las tareas son fundamentales para que nuestros parques y jardines permanezcan en estado óptimo y esto, claro está, supone dinero y podemos entender que haya labores que no se puedan realizar porque el presupuesto tiene límites, lo que no es entendible es que se prioricen mal o se destinen recursos para algo innecesario, que hace daño y que no es más que un mal criterio. Esto no se puede permitir. Es precisamente tirar el dinero.

Lo que parece obvio, no lo es, a veces, por la complejidad de la administración y vemos en ocasiones una buena dirección ejecutada por trabadores sin buena práctica y viceversa. Para ello existen profesionales cualificados en todas las categorías capaces y bien preparados. En Sevilla, en la Universidad Pablo de Olavide, y en otras ciudades, está el Grado de Ingeniería Técnica con la especialidad de Jardinería. Existen buenos profesionales de la Escuela de Jardinería y Estudios Medioambientales Joaquín Romero Murube, que desgraciadamente cerró hace poco tiempo pero que ha dejado, desde el año 2000, numerosas promociones de alumnos muy cualificados. Son algunas de las fuentes existentes, pero muy capacitados para el diseño de zonas verdes, conocimiento de especies, sistemas de riego, podas, transplantes, plantaciones y mantenimiento integral.  

En cuanto a las prácticas que entrañan peligrosidad y afectan directamente al medio ambiente, como es la aplicación de productos fitosanitarios en nuestros parques y jardines, conviene tener en cuenta que desde enero de 2014 entró en vigor el Real Decreto de Uso Sostenible de Productos Sanitarios por el que se establece un marco de actuación para conseguir un uso sostenible de estos productos. Este Real Decreto incorpora la normativa europea en materia de comercialización y uso de fitosanitarios, estableciendo nuevos requisitos y obligaciones que afectan a la forma de utilización de estos productos y establece los protocolos de actuación en las zonas de aplicación de los mismos. Entre las medidas establecidas hay que destacar la obligación de la aplicación de los principios de gestión integrada de plagas y la figura del asesor.

Todo esto no hace más que recalcar la importancia de los conocimientos adecuados que son necesarios para llevar a cabo una buena actuación en los espacios verdes y que esto se convierta en una exigencia habitual para la administración pública, sin intrusismo profesional, eligiendo al personal más adecuado en cada categoría, administrando los recursos públicos de forma eficaz, eficacia que es consecuencia de una buena gestión basada en la competencia y la aptitud. A nadie se le ocurriría contratar para hacer un puente a un Ingeniero de Montes, ni para hacer una vivienda a un Médico.

A veces la ley establece los condicionantes de contratación pero otras veces hay que usar el sentido común y utilizar los criterios más adecuados en beneficio del resultado final y una mejor organización y eficacia en los trabajos. Hay que exigir también a las empresas subcontratadas estas condiciones, que permitan un mejor entendimiento profesional entre personal laboral, técnicos y responsables de las obras porque deben hablar el mismo idioma.

Estamos hablando de un patrimonio vegetal muy importante del paisaje urbano, fundamental en la calidad de vida de las personas, que forma parte de su historia, que tienen un valor, a veces, incalculable y que debe ser tratado por personas que saben hacerlo, que valoran sus beneficios y su importancia para la sociedad.