FORESTIER. UN REVULSIVO DE LA JARDINERÍA SEVILLANA, PERO SIN CONTINUIDAD. El Gigante Egoísta.

02.10.2015 23:26
 

FORESTIER. UN REVULSIVO DE LA JARDINERÍA SEVILLANA, PERO SIN CONTINUIDAD. 

Qué duda cabe que a J.C.N. Forestier se le debe la iniciativa del resurgimiento del jardín sevillano entre 1911 y 1923 que protagoniza en sus frecuentes estancias en Sevilla, donde trabajó primero en la ordenación del Parque de María Luisa y después en la Exposición Ibero-Americana. Su obra testimonia la concreción de ideas modernas en un estilo nuevo del jardín con fuerte inclinación al eclecticismo y marcado por un afán de unidad de orden de armonía, de claridad y de sencillez. Se preocupa de hacer agradables y prácticos los lugares donde es interesante vivir, introduciendo el funcionalismo en el jardín.

Plano del Parque de J.C.N. Forestier

Su obra testimonia la concreción de ideas modernas en un nuevo estilo de jardín, marcado por un afán de armonía, de claridad y de sencillez e introduce el funcionalismo en lo que constituía hasta entonces un arte aparatoso. Si bien está marcado por un cierto academicismo, tiene fuerte inclinación por el eclecticismo.

Debe expresarse con nuevas condiciones de vida de los ciudadanos, así lo entiende, exaltando la claridad y regularidad, sin excluir el pintoresquismo de cambios de niveles y las decoraciones con escalinatas, pérgolas y formas vegetales arquitecturales.

El jardín, para Forestier, es una obra de arte elaborada con una intencionalidad precisa que se construye a través de un orden, que es el que da lugar a resultados satisfactorios en su contemplación.

Su admiración por los jardines árabes hace que utilice muchos elementos de este estilo en sus realizaciones, se adapta a las condiciones climáticas de la ciudad y piensa que son del gusto de los que aquí gozan de ellos, y lógicamente, su ánimo está en agradar.

Su heterogeneidad es el aspecto clave para calificarlo como ecléctico y sus matices son varios, pero nunca pierde la obra su carácter unitario.

 

Forestier parte de unos principios básicos a la hora de crear un jardín.

Considera el jardín como una obra de arte en la que la intervención técnica es imprescindible, constituido por elementos vivos, de ahí que sea efímero y modificable, estando además sus trazos creados de materiales no durables, y no siendo la mano del hombre definitiva, a veces los resultados son imprevistos, el jardín es verdadera escuela de paciencia, se hace necesario el paso del tiempo para que el jardín adquiera la fisonomía determinada por el autor del proyecto.

“Los artistas jardineros dejarán la huella de una mano a la vez acariciadora y autoritaria pero no tiránica, someterán la tierra a sus deseos y mantendrán bajo las leyes de las líneas clásicas, las formas originales, sabrán reunir estrictamente los follajes, las flores en abundancia, las piedras y las aguas para componer lugares de reposo, dominios de la poesía”.

La belleza del jardín llega cuando éstos han envejecido. Las adaptaciones climáticas serán fundamentales, tanto como su adaptación a la época y a las circunstancias. Es un error sin sentido la copia de jardines antiguos.

El sello de personalidad del creador del jardín se manifiesta en su trazado y los elementos complementarios según la importancia que se les conceda, su selección y el buen uso que se haga de ellos. Forestier así lo entendió.

El trazado, el marco general donde va a desarrollarse la obra, el orden y la claridad, facilitarán la tranquilidad de espíritu, pero sin rigurosidad. Las proporciones serán fundamentales en todo momento para conseguir una deliciosa armonía. La simplicidad ligada al ingenio, la regularidad y la fantasía han de ser claves en el diseño.

La sombra en nuestro clima será un elemento importante en el jardín que podamos crear con la magia de las pérgolas y los emparrados, las glorietas y los árboles diseminados sobre el espacio.

 

Estanque rectangular.-Parque de María Luisa

Forestier es un enamorado de las rosas, haciéndolas figurar en lugar destacado en todos sus proyectos, formando setos, aislados o enredándose en las pérgolas.

Tiene preferencias por el arrayán con su delicioso perfume para la construcción de setos, recortándolos de diversas formas originales.

El contraste y las asociaciones de plantas ordenan geométricamente las masas, sin romper la unidad, buscando ambientes armoniosos que no distorsionen el conjunto general, las plantas estima deben de manifestarse libremente con todo su vigor y distinción.

Para él, el agua juega un papel fundamental, un bien comparable a la mayor y más esplendorosa riqueza, su presencia la considera imprescindible, cuidando las formas en que aparece para ser mejor percibida por los sentidos a efectos de apreciar su frescura y para lograr su mayor fuerza evocadora y sugestiva. Conjugada con la vegetación, el agua alcanza cotas insospechadas.

 

Fuente central del Estanque de los Lotos.-Parque de María Luisa

Las plantas acuáticas entran en combinación con el agua para reflejarse en ella y encontrarse con los destellos de los materiales inorgánicos que forman los estanques, azulejos de vivos colores, piedras o mármoles.

Gran amante de las pérgolas, que cumplen una misión decorativa, envueltas por las enredaderas que se fijan en las traviesas que conforman el techo, las diseña e incorpora en sus trazados.

Bancos en rincones tranquilos o insertados en las pérgolas, construidos con ladrillos o con la riqueza colorista de los azulejos, los distribuye por todo el jardín.

Terrazas, rellanos y escaleras salvan los desniveles creados con una clara intención decorativa de amenizar el terreno creando un fabuloso juego de líneas, luces y sombras, acompañándolas en muchas ocasiones con elegantes jarrones y macetas vidriadas o de barro cocido.

 

Isleta de los Patos.-Parque de María Luisa

Es difícil encasillar a Forestier en un determinado estilo de jardinería, conocedor de la historia de los jardines, se adapta a las condiciones climáticas del lugar, siente admiración por los jardines árabes y en su ánimo de agradar asimila su concepto y lo adapta, combinando elementos y conjugándolos armoniosamente con otros estilos.

Emplea muchos recursos que se derivan de sus conocimientos adquiridos tras largos años de observación y adaptación de muchos estilos de jardines a los medios donde interviene.

La creación del parque de María Luisa como jardín público supuso para Sevilla una gran revolución desde el punto de vista jardinístico, incomparable con todo intento habido anteriormente.

 

Estanque de los Lotos.-Parque de María Luisa

Desde su llegada a la ciudad, Forestier demostró su interés por la cerámica de la que hizo abundante uso en el revestimiento de estanques y en la construcción de bancos, utilizando azulejos de colores variados, junto a los tradicionales tonos cobrizos de reflejos metálicos que dan nota de color en el parque.

La apertura del parque de María Luisa fue un despertar, un momento definitivo para Sevilla, él elevó la cultura del pueblo hacia los jardines al mirar con íntimo respeto y voluntaria admiración las bellezas conseguidas, ejerciendo una vigilancia propia en mantenerlas incólumes frente a la anterior ignorancia. La fama que ya gozaba Sevilla por la belleza de sus flores no se justificaba en los jardines públicos, hasta que se inauguró este vergel.

Forestier recogió la herencia romántica de unos jardines antiguos que tuvo que respetar con todo su pintoresquismo, a los que incorporó escenas y elementos de la jardinería hispano-árabe, planteó estanques semejantes a las acequias musulmanas flanqueados por setos dearrayán, utilizó el agua como espejo para que se reflejara en ella el verde de las plantas y el azul del cielo.

Incorporó la tradición andaluza con la aportación de la cerámica y la cerrajería, la influencia francesa fue casi nula, simplemente no la consideró, si existe alguna geometría, es de origen islámico o de antecedentes sevillanos.

Unas dispersas praderas de césped nos dan cuenta de una ligera presencia del paisajismo inglés que convive en feliz armonía con la carga romántica del jardín.

 

Fuente de las Ranas.-Parque de María Luisa

Durante los años que transcurrieron desde que Sevilla inaugurara el parque de María Luisa hasta la inauguración de un nuevo parque tuvieron que pasar unos largos 60 años.

La ciudad fue primero la Sevilla de la Exposición, recuperó la imagen de núcleo urbano preeminente y fue la principal hacedora de la moderna Sevilla a la que trajo elevadas inversiones y un sin fin de mejoras urbanísticas, pero también es cierto que dejó tras de si un crónico paro obrero, la bancarrota del Ayuntamiento y un gran sentimiento de frustración ante un ibero-americanismo fugaz, frágil, retórico y sin alcance posterior.

La ciudad se desarrollaba, el crecimiento demográfico era espectacular, los problemas post-Exposición eran manifiestos, negocios paralizados y malestar en amplias capas de la población hacinada en arrabales y casas de vecinos, sumida en el paro y la miseria.

Después fue la guerra civil la que paralizó durante años la vida y el desarrollo de la ciudad. El problema de la vivienda causado por la afluencia de los refugiados fijó la atención del Ayuntamiento, el boom de la construcción y el crecimiento demográfico de la ciudad había llegado, el crecimiento arrasaba, los problemas ya sí eran urbanos.

Los jardines españoles sufrieron todos durante los años de contienda y desastres de nuestra guerra civil, muchos desaparecieron completamente, las ciudades en esta época no manifestaban gran entusiasmo o se sentían poco preocupadas por la naturaleza.

Sevilla perdió los verdaderos núcleos de convivencia de sus plazas y muchos patios interiores de las típicas casas sevillanas, pequeños espacios que colaboraban en gran medida como esponjadores de su trama urbana.

El desarrollo de los años siguientes añadió un componente más despersonalizado del proceso del planteamiento urbano que cobró un carácter sólo cuantitativo, bajo la óptica del mercantilismo inmobiliario, ayudado de cerca por el trato de favor de la administración.

El primer parque inaugurado en 1973 coincidiendo con el traslado de la Feria de Abril desde el Prado de San Sebastián al nuevo campo ferial de Los Remedios, el segundo  el Parque de Amate incluido en el Plan General de Ordenación Urbana de la ciudad como parque de Distrito se inauguró pocos años después.

 

Parque de los Principes.-SEVILLA

Más que estilos de jardinería, al concebir estos nuevos parques predominó su funcionalidad para atender las necesidades sociológicas de los barrios donde se construyeron, la escasez de medios económicos con los que se realizaron, marcaron su fisonomía.

De trazado moderno, paisajista si se quiere, con amplios paseos flanqueados de árboles de reconocida aclimatación en nuestra ciudad, jacarandas, tipuanas, naranjos, prunus, falsas pimientas, palmeras y ficus, como árboles ejemplares, mezclados con olivos, encinas y cipreses, forman su estructura arbórea en la que una sucesión de paseos nos  trasladan en un atrayente recorrido a través de toda su extensión, glorietas dedicadas a los niños con juegos infantiles, grandes estanques que a modo de alberca con agua captada de subsuelo sirven para la irrigación del espacio verde. La vegetación se convierte en el elemento estructurador más importante de estos recintos, grandes paseos arbolados dotados de bancos invitan al paseo y al descanso, praderas tapizantes con profusión de arbustos de flor dan la nota de color a las distintas épocas del año.

El parque automovilístico creció desenfrenadamente invadiendo avenidas, bulevares, plazas y calles, había una clara adoración al coche que se convirtió en el verdadero protagonista y a cuya medida se planificaba y diseñaba la ciudad, sin conocer que la mataba de forma lenta pero segura.

En nuestra ciudad, como en tantas otras de la geografía nacional, se sacrificó la naturaleza con cierta alegría, porque no se sabía que la necesitaríamos a corto plazo.

Ecología y medio ambiente estaban consideradas como ideas modernas.

Esto generó un movimiento ciudadano de reacción contra el urbanismo y la construcción urbana de los decenios precedentes, fuertemente marcada por el uso del hormigón, este se inspiraba a la vez del fenómeno ecológico y del combate político dirigido contra aquellos que “masacraban” nuestras ciudades.

Polígonos de promoción pública y privada, barriadas clandestinas, pisos pequeños de construcción dudosa, densidades impensables y ningún equipamiento urbano.

Los ciudadanos incipientemente organizados empezaron a colocar los ojos y pancartas en solares, plazas o zonas previstas como verdes en el Plan General de Ordenación Urbana de la ciudad, disputando terrenos entre la esperanza popular y la especulación generalizada.

Sevilla construyó entonces el Parque de Los Príncipes en una superficie de 9 Has. que paliaba en parte el problema de falta de espacios verdes en un barrio tan densamente poblado como el de los Remedios, continuando con su política de espacios verdes con la construcción del Parque de Amate, de 39 Has., en uno de los distritos más necesitados de zonas verdes.

 

Parque de los Principes.-SEVILLA

El trazado del Parque de Amate se define por un eje central dominante al que se le incorporaron desafortunadamente una fuente central desproporcionada que rompe toda perspectiva del eje pretendido. Completado con una pérgola cubierta con metacrilato y una urbanización del estanque central que nada ayudaron a embellecer el recinto, pavimentación inadecuada, bancos de hierro y hormigón incómodos, colaboran a distorsionar la hegemonía de un proyecto, que si bien no definía ningún estilo propio de jardinería, si cumplía las bases artísticas de un diseño con unidad, escala, proporciones y carácter que posteriormente debía ser culminado con la ejecución de las obras necesarias para su terminación, con la creación de glorietas y equipamiento general del mismo, trabajos que todavía no se han ejecutado a pesar de haber sido inaugurado por tres veces el recinto.

 

Parque de Amate.-Sevilla

En el jardín contemporáneo el elevado coste de ciertos materiales y de su puesta en obra en el tratamiento de jardines de carácter público, hace que se duplique y a veces más el presupuesto de ejecución, lo que hace que se abandone el lujo y la calidad sólo a favor de la cantidad. La escasez de medios no posibilitó la ejecución de las obras originalmente previstas.

Mientras en Europa en un movimiento de reacción contra el urbanismo, había nacido la “Ciudad Verde” que trataba de abrir generosamente la ciudad sobre la naturaleza, la idea del espacio verde evolucionaba hacia una nueva concepción de su vínculo con la naturaleza, considerando su acceso como un derecho social.

La ecología política reporta actualmente éxito en los períodos electorales, desde el urbanismo, sector habitualmente potente en el seno de un Ayuntamiento, se favorece una política activa de espacios verdes por una gestión efectiva del suelo.

Hacen falta espacios verdes bien distribuidos y en número suficiente, donde su superficie permita la polivalencia, es decir, todas las funciones que generalmente se atribuyen a este tipo de equipamientos públicos con una animación y un ambiente que respondan a los deseos de los usuarios.

Las amenidades urbanas son todo aquello que contribuyen a este tipo de equipamientos públicos con una animación y un ambiente que respondan a los deseos de los usuarios, contribuyan a hacer una ciudad más armoniosa, más risueña, más confortable y en definitiva, más amena para el ciudadano.