PLANIFICACIÓN ESPACIAL Y CONECTIVIDAD ECOLÓGICA.-LOS CORREDORES ECOLÓGICOS.- La conectividad y distribución equitativa del verde urbano. El Gigante Egoísta.

28.09.2015 23:34
 

PLANIFICACIÓN ESPACIAL Y CONECTIVIDAD ECOLÓGICA.-LOS CORREDORES ECOLÓGICOS.- La conectividad y distribución equitativa del verde urbano. 

Al margen de los caminos rurales y las vías pecuarias con una funcionalidad bien distinta de la que se da a los corredores verdes, desde el inicio de la edad moderna, van apareciendo en Europa  elementos más nobles como alamedas, paseos y bulevares así como otros más próximos a lo urbano.

FrederickLa Olmsted ( 1822-1903 ) primer autor del Central Park de Nueva York ya trabajo en su Sistema de Parques en el que los veía como instrumento clave, tanto para que la naturaleza saliera de los límites del parque, como para que la sociedad accediera a ella. Olmsted entonces parecería que estaba aproximándose sobre todo al corredor verde que acerca la naturaleza al individuo.

Con sus luces y sombras, el Sistema de Parques se convierte en herramienta vital de la planificación de las ciudades norteamericanas y de sus desarrollos.

Uno de los mayores introductores de esta tradición norteamericana en Europas  fue Jean Claude N. Forestier (1831-1930) que compaginó su trabajo continuado en el Servicio de Plantaciones y Paseos de la capital francesa con propuestas para el Sistema de Parques,  mucho más allá de sus fronteras (Barcelona, Buenos Aires, La Habana, Rabat…)

El diferenciaba entre “Boulevard y Avenue-Promenade). El “Boulevard“, de anchas calzadas con amplias aceras, plantadas de árboles regularmente dispuestos y las llamadas “Avenue-Promenade”, donde las calzadas son acompañadas de bandas plantadas o sembradas de césped y más o menos pareadas….

En los años 60, aparecen los eficientes sistemas de corredores  ecológicos o corredores verdes con la ambición de “Proyectar con la naturaleza “. El reforzamiento de la infraestructura ecológica requería repensar y completar el verde en la ciudad para transformarlo en una trama que conectara los espacios verdes entre sí  y con los espacios naturales del entorno. El equilibrio se consigue estudiando las oportunidades para introducir la naturaleza  en zonas donde está esta menos representada y para ello hubo impulsar proyectos de  ámbito fronterizo y metropolitano de conexión del verde y conservación de la biodiversidad. En este apartado en los planes estratégicos del verde en la ciudad, aparece la red de los corredores verdes. Un diseño cuidadoso permite potenciar los efectos de la naturaleza sobre el entorno y sobre los elementos naturales (agua, microclima, fauna….) que la componen.

Acciones como el fomento de la biodiversidad en el arbolado viario o el rediseño de la vegetación para adaptarlo a las condiciones ambientales, mejoran la calidad y dan potencialidad al verde. Frecuentemente son los pequeños gestos, como permeabilizar el suelo en el espacio público que tiene un gran rendimiento ecológico, o incorporar criterios de eficiencia en el ajardinamiento con especies de limitación de recursos hídricos y/o de mantenimiento.

Un corredor ecológico es un sitio o cauce con capacidad para hacer que especies animales, vegetales u hongos, se desplacen o dispersen. Su principal función tiene que ver con mitigar los impactos causados por los diferentes usos urbanos y rurales en los hábitats naturales, sobre todo respecto a su fragmentación, al intentar conectar áreas naturales con gran biodiversidad.

Un corredor –o vía- verde es un camino apto para el ser humano que discurre entre elementos naturales, bien los contenga o sean percibidos desde él. Para que el corredor verde cumpla plenamente su función, dicha adaptabilidad al desplazamiento del hombre debería poder incorporar algún tipo de movilidad que no necesite otra energía que la generada por el propio paseante, sea aquélla peatonal, ciclista o ecuestre.

El término corredor, en ambos conceptos, implica un origen y un destino. Dependerá de qué enlace esta pieza lineal para su éxito y/o servicio, si bien en el caso del corredor verde su equiparación o relación con el paseo, se entienda éste como lugar o como acción, implica que tiene un fin en sí mismo, independientemente de qué una.

Un sistema de corredores o vías verdes podría estar compuesto por un conjunto de piezas lineales dispersas por un territorio más o menos urbanizado, apta, cada una de ellas, para el paseo y para el disfrute de la naturaleza.

Con lo señalado hasta aquí parece evidente que es el corredor verde el que tiene mayor potencial para integrarse como herramienta y componente a cualquier escala en la planificación espacial. Pero el corredor ecológico, bien dimensionado y posicionado, es en todo caso un requisito previo para que algo de naturaleza “verdadera” llegue al corazón de un sistema de corredores verdes. No hay movilidad sin red y no hay supervivencia natural sin regeneración natural, sin proceso, en definitiva movimiento.

“Una red, para que lo sea, tiene que ser una red mental”

Una naturaleza bien acomodada tiene mucha más facilidad para provocar recuerdos. Dicha naturaleza se evidencia, se conserva, se planta, y se gestiona. Hay formas del territorio –urbanizado- que se ajustan mejor a ser componentes o incluso cuarto y mitad de un potencial sistema de corredores verdes – y/o corredores ecológicos.

Evidenciábamos más arriba que un corredor verde, entendido como paseo, tenía un valor y un uso en sí mismo para después arroparlo con una red que le dará más vida, natural y/o social.

Es evidente que también el “desarrollo sostenible” corre el riesgo de ser un lugar común, acallador de conciencias, vacío de significado (Sygendow, 2011), pero a la espera de un modelo para avanzar mejor, aquí nos es realmente útil, ya que hace encajar a la perfección corredores verdes y planeamiento espacial.

La compatibilidad de usos, funciones y servicios dependerá de su diseño, interno y externo. Un corredor ecológico será sobre todo un espacio natural protegido, un corredor verde un espacio libre público, con lo que ello implica como posible espacio de recreo y de interacción social y natural, también una infraestructura de movilidad “blanda”, y obviamente “verde” –para algún cómputo de estándares urbanos.

No es el fin de este pequeño artículo abarcar el “sistema del verde”, pero es imposible establecer las relaciones entre corredores y planificación y menos aún defender una opción para las mismas sin tener en cuenta una visión integral del mapa al que dichos componentes por vocación y por servicios mayoritariamente están vinculados.

Entre las distintas funciones citadas, el recreo puede dar autonomía en el uso del espacio. El sistema de espacios libres puede ser un espacio encauzado, ideologizado, lleno de un discurso político de corrección y “buenas prácticas”, o puede ser un espacio disponible para que la población –humana, aunque también vegetal y animal- se apropie de él. El disfrute de corredor y red y su vocación intrínseca de servicio a una ciudad sostenible para el futuro dependerá en gran medida de la atención interna y externa al mismo, de un buen diseño y re-diseño de accesos, dimensiones y de las relaciones que propicien y se propicien, por planificación y proyecto, establecido con su entorno natural y social.

Un texto reciente dedicado a abordar estas piezas expresamente, optando por agruparlas bajo el término greenway  y más específicamente ocupado en su diseño, «Designing Greenways» (2006).

Este texto pone el énfasis en la capacidad del greenway para conservar paisajes (naturales) –en conexiones y funciones-, su integridad como tales, y el ámbito de reflexión aunque no en sentido estricto se percibe que es sobre todo el norteamericano, extendido, si cabe a lo anglosajón, probablemente más ligados a esa intimidad individuo-naturaleza a que se hacía referencia más arriba.Sin embargo no duda el ensayo/manual en abrir un capítulo para reflexionar sobre su capacidad social, para el paisaje humano, y sobre la participación en su diseño, el greenway  visto como “una forma de espacio común- con importantes funciones sociales” (Hellmund & Smith, 2006, p. 158)

Venga de donde venga la particular aplicación, “defiendo que casi cualquier “sistema de parques”, compuesto por una red articulada de parques y corredores verdes tal y como han sido definidos antes, puede visibilizar el paisaje, la capacidad de la sociedad para apreciarlo”. (Jiménez, 2009; 2010).

Vitoria tiene hoy un “Anillo Verde” periurbano completo, recorrido por cerca de 80 Km de itinerarios peatonales y ciclistas, que aspira a ser el elemento de interacción interior-exterior de mucho más, algo que ya es en parte también una realidad.

El Anillo en sí ya se proponía como compleción del sistema de áreas verdes de la ciudad en el PGOU de 1986 y se nombraba como tal en su revisión de los años 90. Se decía en tal revisión, 1998: “el establecimiento de un cinturón de parques periféricos que sirva como membrana que delimite la ciudad”, y se puso en marcha.

Teniendo como fines irrenunciables la conservación de la naturaleza y el uso público, hoy está plenamente consolidado, activamente gestionado, y en crecimiento: parques fluviales que solventan problemas de inundación, con el río Zadorra como principal hilo conductor en el norte, embalses, huertas ecológicas de ocio, arboreto…, reconocido el circuito como atractivo turístico de la ciudad; y con un Centro de Estudios Ambientales municipales (CEA, que nace a la par que esa preocupación “sistémica”, en los 80) que gestiona éste entre otros asuntos para la sostenibilidad de la ciudad además de ser marco de reflexión para lo interno y lo externo.

Hablamos de planificar, y por tanto también de comprender el territorio que perseguimos re-ordenar. Cada vez son más los casos en que se manifiesta un esfuerzo por dar coherencia espacial y trabar esta realidad contemporánea de un territorio urbanizado, nuevas o redescubiertas en las trazas de un pasado natural e histórico más o menos oculto pero siempre rico. Y también se hace cada vez más esto sin hacer distinciones entre la vía verde “campestre” y la “urbanita”, incluso entre el corredor específicamente “ecológico” y el que cumple funciones que van más allá de la movilidad blanda.

Desde hace ya tiempo el término greenway intenta englobar todas aquellas rutas que encauzan y cumplen con procesos naturales al tiempo que facilitan el disfrute de la naturaleza. Este término “medio”, que puede garantizar a priori los dos servicios, puede ser el más eficiente a la hora de aglutinar esfuerzos y diseñar redes que se constituyan en el esqueleto de la planificación espacial de casi cualquier territorio  –urbanizado-. Las dos posibles “variantes” a un extremo y otro de ésta, siempre pueden entenderse como ramificaciones particulares del greenway genérico, con sus exigencias e incompatibilidades en dimensión, uso y acceso.

Si incorporamos estos nervios –o anti-nervios-, a la estructura vital de la ciudad, es probable que la humanicemos. Incorporar su espacialidad de forma específica a los diferentes reglamentos y legislaciones de ordenación territorial y urbana podría ser un principio de estabilidad en su comprensión y utilización para un diseño sostenible del territorio. Conviene recordarlo.