PASEO POR LOS JARDINES. José Elías Bonells.

PASEO POR LOS JARDINES.  

Hace pocos días tuve que acompañar a unos amigos interesados en ver jardines.

Nos citamos en Oriza para iniciar el paseo por los Jardines de Catalina de Ribera. Nos sorprendió que el acceso principal al Paseo, entre los jarrones recuperados del  antiguo Salón de Cristina, este siempre cerrado, siendo este uno de los puntos más atractivos de la perspectiva del jardín. Las glicinas del cerramiento, como todas, estaban sin podar. Accedimos pues por el paseo junto a las murallas de los Reales Alcázares.

El Paseo nació de la cesión en 1862 de parte de la Huerta del Alcázar  y se construye la nueva muralla que lo delimita. Entonces era llamado Paseo del Pino o Paseo de los Lutos hasta que, en 1920,  D. Juan Talavera y Heredia proyecta el jardín lineal con los salones actuales, colocando basamentos con copas de cerámica en todos los encuentros del paseo. Estas copas han desaparecido ahora con las nuevas reformas, solo quedan unos testimonios en la antigua calle Maternal, actualmente  Antonio el Bailarín dentro de los Jardines de Murillo.

En un amplio espacio circular se erigió el actual Monumento a Cristóbal Colón, proyecto del mismo arquitecto y ejecutado por el escultor marchenero Lorenzo Coalla Varela en 1921.

En la pared de la muralla que los separa de los de los Reales Alcázares se coloca una fuente mural dedicada a Catalina de Ribera, benefactora de la ciudad con la fundación del Hospital de las Cinco Llagas. La pared posee pinturas murales originales de Manuel Cuesta Ramos, las actuales de Francisco Maireles.

En el paseo pudimos comprobar los distintos y cambiantes criterios en la forma de tratar la vegetación, adelfas que quieren parecer árboles y arbustos reducidos a las humillantes bolas a que los someten. Admiramos la floración del macasar y los membrillos japoneses que sin podar ofrecían sus primeras flores, sin olvidar las magníficas dombeyas con sus colgantes flores rosas. El césped rellena todos los parterres, antes llenos de plantas de flor.

Accedimos desde el paseo a los Jardines de Murillo, cesión asimismo en 1911 de otra parte de la Huerta del Retiro de los Reales Alcázares y obra también del arquitecto Juan Talavera y Heredia, glorietas hexagonales con fuentes centrales de mármol y arcos de fundición con cadenas que los limitan y aquí todo fue distinto. Los parterres secos y sin apenas plantaciones, los grandes ficus que ya recibieron una desafortunada y tiránica poda años anteriores intentando cerrar sus heridas y renovando con  unas más débiles ramificaciones. Con esta poda se aseguró a corto plazo la caída de ramas por su excesivo desarrollo, pero se debilitaron los árboles a largo plazo. Una reducción equilibrada hubiera sido una solución.

Las fuentes, modificadas en sus estructuras por los actos vandálicos acontecidos en tiempo, han sido denunciados en varias ocasiones por la Plataforma Ciudadana a Parques y Jardines de Sevilla. A pesar del cierre de los jardines, la Glorieta a García Ramos,  presentaba signos vandálicos evidentes y no la visitamos, con lo que habíamos visto teníamos suficiente.

Estos jardines por su estado de abandono no están para ser visitados y cientos de turistas lo hacen todos los días. Están declarados Bien de Interés Cultural  (B.I.C) con categoría de Jardín Artístico desde 2002.

Nos dirigimos a la Plaza de Santa Cruz, que recién restaurada, luce en la Cruz de Cerrajería sus delicados trabajos de forja. Fue realizada por Sebastián Conde en 1692 y estuvo instalada en la calle Sierpes hasta 1890, trasladada a esta plaza en 1918 con el proyecto de Juan Talavera  y Heredia. Ha sido restaurada en la actualidad, ya lo había sido en otras ocasiones desde su traslado.

Al igual que lo ha sido la Cruz que da nombre a la plaza, deben ser restaurados los jardines en los que destaca la guayaba, árbol de fruta tropical, que los niños del barrio saben que se come cuando maduran, los setos de bonetero o evónimo están impresentables, atacados por el cenizo, oídium, hongo especifico de esta planta en casi toda la ciudad que, sobre todo, en ambientes con calor y humedad  tiene las condiciones propicias para su desarrollo. Entre los rosales alguna planta debería llenar la tierra durante la época de  su descanso invernal.

A través del Callejón del agua, que muchos recordamos en su aspecto natural cubierto de vegetación que a través de los años se había consolidado, lamentamos su desaparición por obras realizadas para conseguir restaurar un tramo de la antigua muralla a través de la cual con conducciones de cañerías de cerámica llegaba el agua a los jardines a los Reales Alcázares desde los Caños de Carmona, procedente de Alcalá de Guadaira.

No nos pasó desapercibido el magnífico patio de la Duquesa de Peñaranda que generosamente abre sus puertas para la admiración de todos los turistas y sevillanos que transitan por el Barrio de Santa Cruz.

En nuestro camino nos cruzamos con la Plaza de Doña Elvira, construida también por Juan Talavera y Heredia en 1918, anteriormente había sido Corral de Comedias. Los parterres y los bancos son de cerámica trianera, el suelo, antiguamente de albero, fue pavimentado en una de sus últimas restauraciones. Una fuente central ofrece el murmullo del agua en esta, otrora recatada plaza, de carácter totalmente andaluz, hasta que desde hace unos pocos años la han convertido en un bullicioso restaurante colocando mesas en todo su alrededor formando parte del zoco en que se ha convertido en Barrio de Santa Cruz.

Tuvimos suerte en el acceso a los Reales Alcázares, era miércoles y a las 12.30 no había cola para la entrada, accedimos rápido para ver el Jardín más antiguo en el Patio del Yeso, pero nos dijeron que llevaba tiempo cerrado, primera frustración, nuestro objetivo eran su jardín. Cruzamos el Patio de la Montería y nos dirigimos a través del Patio de María de Padilla, del cual han desaparecido las palmeras, cruzando por el Salón de los Tapices al Estanque de la Fuente de Mercurio. Desde allí contemplamos el estanque con la escultura de Diego Pesquera, fundida por Bartolomé Morel en 1576, admiramos la Galería del Grutesco, obra  de Veremundo Resta, sobre el lienzo de la muralla almohade realizado en1612 y las pinturas murales de fábulas mitológicas y aves exóticas.

Bajamos al jardín de la Danza a través de unas escaleras donde contemplamos la planta del alambre, las paredes cubiertas de naranjos amargos perfectamente recortadas. Dos columnas nos dan la bienvenida en las que en tiempo estaban rematadas por dos esculturas, una de un sátiro y otro de una ninfa. Dos impresionantes magnolias son los protagonistas del jardín, aunque su estado no sea el satisfactorio. El suelo cubierto de vinca y acantos.

Bajando y frente a los Baños de María de Padilla nos encontramos una fuente de cerámica del siglo XVI.

No entramos en los Baños, seguimos al Jardín de Troya, con trazas de Veremon do Resta. Una fuente, naranjos en la pared y plantas aromáticas. Siguiendo el itinerario accedemos al Jardín de la Galera, unos buenos jardineros estaban podando la glicinia del corredor alto como es debido, nos encontramos madroños al paso por el jardín y setos de boj  en  un plácido ambiente.

Llegamos al jardín del Príncipe, denominado así por haber nacido en una dependencia cercana el Príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos. Un heterogéneo jardín de crucero con fuente central en el que destacan unas elevadas  palmeras del género latanias, setos de boj. Laureles formados y otros arbustos junto con los inseparables naranjos.

Pasamos al Jardín de las Flores, una de las últimas restauraciones efectuada en los jardines. Discutido por muchos y aceptado por todos. El jardín tenía su historia con las plantaciones que existían realizadas a través de la propia historia del jardín y ahora lo hemos convertido en un jardín de naranjos arquitecturizados con mayor insostenibilidad por los trabajos que requiere su conservación y el mantenimiento de la continua floración de los parterres de sombra bajo los naranjos, que por algo se le denomina Jardín de las Flores.

Pero no todo son flores en el jardín del Palacio  declarado Patrimonio de la Humanidad, junto a la Catedral de Sevilla y el Archivo de Indias en el año 1987.

Un paseo por sus Jardines  constituye uno de los más agradables de Sevilla, donde se aúnan caracteres de estilos árabes, renacentistas y modernos.

A partir del Jardín de la Cruz se observa un cierto desorden en el jardín, sobre todo en la diversidad de setos que los limitan, boneteros afectados por oídium, espireas y granados cumpliendo su función. En este jardín había estado emplazado el antiguo laberinto del siglo XVI.

Accedemos  al llamado jardín ingles de principios del siglo XX, construido sobre los terrenos de la antigua Huerta de la Alcoba, jardín inglés, suponemos que por estar el suelo cubierto de césped. Son gran variedad e intensidad de árboles de muchos géneros y especies que simbióticamente se han hecho un lugar en el jardín: olmos, cedros, ginkgos, brachichiton, jacarandas, washintonias etc….un magnifico rincón con costillas de Adán, clerodendros y una fuente nos llaman la atención, como fondo una pared revestida de hiedra que la separa de las casas de la Calle San Fernando.

Admiramos  el original palo borracho plantado junto  la Fuente del León y sus dos grupos de cañas elegantes. Un maltrecho seto de lavanda limita una rosaleda con rosales de medio pie introducidos recientemente con poco acierto. En un jardín histórico no se deben introducir especies cultivadas por sistemas modernos, este espacio debe de ser reconsiderado.

En frente se encuentra el Laberinto moderno construido en 1913, lógicamente por fecha y por épocas de mayor abandono necesita una puesta a punto y restauración atendiendo la época en que se construyó.

Nos llamó también la atención el magnífico grupo de palmas de sagú en el lateral del laberinto y los soto bosques de costillas de Adán y orejas de elefante conseguidas debajo del naranjal, todo un acierto.

No entramos en los nuevos jardines junto a la muralla que los separa de los Jardines de Catalina de Ribera, el tiempo de la visita se agotaba. Entramos directamente en el Jardín de los Poetas, realizado por impulso de Joaquín Romero Murube, el poeta jardinero, cuando actuaba como Conservador de los Reales Alcázares. Se inspiró en Forestier y recurrió a viveros locales. Es el único espacio donde se utiliza la thuja como seto para dar formalidad al jardín. Entonces era difícil conseguir arrayanes de cierto tamaño y mucho menos bojes, pero las thujas han crecidos en exceso y los estanques como espejos de agua en el jardín quedan ocultos, la fuente central queda  también oculta e invadida por el tamaño excesivo de cuatro thujas de bola. El jardín precisa una restauración, respetando su diseño inicial, para que adquiera su antiguo esplendor.

Desde aquí nos trasladamos a los Jardines del Marqués de Vega Inclán, construidos a principios del siglo XX en los terrenos que ocupaba la Huerta del Retiro de la que quedan muchos árboles frutales todavía. El proyecto fue de José Gómez Millán y se dedicó al que fuera Conservador del  Alcázar, Marqués de Vega Inclán.

Jardines formales de carácter andaluz con paseos paralelos cruzados, formando glorietas en sus encuentros, cada uno con fuentes de distintos diseños y tamaños, bancos de cerámica, caminos pavimentados con alineaciones de cipreses recortados. El arrayán es el seto protagonista en todo el jardín formalizando los cuadros que contienen limoneros, limas, mandarinos, kakis, hasta un antiguo peral y uno de los mayores pacanos de la ciudad. Encontramos  los últimos tejos recortados y dentro de los cuadros las nandinas, celindas de espiga, bojes, agapantos, cintas etc…falta resolver los interiores de los cuadros.

Una magnifica profusión de jazmines  nos separa de la cafetería  y el paseo de cipreses, allí encontramos unas Tetrastigma voineriana (Vitis voineriana) que sustituyen al ejemplar que durante más de cuarenta años estuvo plantada en el muro de separación del Jardín de las Damas con el Cenador de Carlos V y fue eliminada por atender necesidades arquitectónicas.

La historia nos aporta al lado de la Puerta de Marchena, el ciprés de Arizona que invadido por una buganvilla  lo ha secado y, apoyado en él, ha alcanzado una altura considerable que cuando florece es un espectáculo. La trepadora ha tenido que ser sostenida por una estructura de hierro especial para evitar su caída.

Dejamos para el final el espectacular paseo por el pasadizo alto de la antigua muralla con vistas panorámicas de todo el jardín, el órgano hidráulico y la fuente de Neptuno en el Jardín de las Damas construido para la boda del Rey con Doña Isabel de Portugal en 1593.

Magnolias, melocotoneros de flor, adelfas peruanas, palos borrachos y palmeras, muchas palmeras.

Nos detuvimos contemplando el Jardín de la Alcoba o Cenador de Carlos V cuadros llenos de agapantos, nos extrañó la utilización del bonetero o evónimo para sustituir los setos de boj por los problemas que crean, en estos espacios ambientalmente propicios al desarrollo de la enfermedad, más aún cuando la utilización de productos fitosanitarios en espacios públicos es cada vez más difícil.

En el estanque del León, la profusión de los bambúes están ocasionando daños a la arquitectura, los naranjos de esta zona precisan ser recuperados si es posible, y si han cumplido su ciclo vital, ser sustituidos. Una restauración integral debía ser considerada.

Cada época del año el jardín merece una visita. Comprendemos los problemas que entraña la gestión del Patrimonio, la arquitectura del edificio es importante, pero los jardines suponen una parte fundamental  a los que hay que dedicar los medios y la atención necesaria para que presenten en todas las épocas del año sus mejores galas.

El paseo fue agradable alabamos los jardines que considerábamos estaban a la altura del lugar donde estaban emplazados y criticamos aquellos que estimamos no están dignificando el espacio que ocupan que tantos y tantos turistas y sevillanos visitan todos los días.

Felicitamos a todos los jardineros el esfuerzo que realizan con los medios que disponen de presentar todos los días el jardín limpio y  bien conservado, las restauraciones y modificaciones que se expresan escapan de sus  competencias, son  de  gestión de los Reales Alcázares y toma de decisiones para afrontar los trabajos y  disponer de fondos económicos para poder llevarlas a cabo.

 

JoséElías Bonells

                    Sevilla  febrero de 2016